martes, 4 de septiembre de 2012

Capítulo 46



A la una, Alex estaba sentada en la terraza de su restaurante favorito. El área estaba sombreada por los robles que bordeaban la tranquila calle. Algo que ayudaría a mantener la privacidad. Alex tiró de la camiseta que se le pegaba a la piel. Esperaba que el calor mantuviera a los mirones dentro del fresco interior del restaurante.

Diez minutos más tarde, Dougie se abría paso por la puerta que daba a la terraza. Se giró e hizo un gesto con la mano. Alex frunció el ceño hasta que vio a un ceñudo Cal tras una de las ventanas.

-Insistió en estar presente por si me acosaban. Sin embargo, se quedará dentro. Esta comida es privada, sólo para nosotros. ¡Demonios, qué calor hace! -Se quitó la chamarra de cuero que llevaba puesta sobre una camiseta gris, pero no se quitó las gafas de sol.

Alex suspiró, luego observó que la camarera se acercaba con dos vasos de agua.

-Espero que todo sea de su agrado.

La joven con unos pantalones cortos fingió no reconocer a Dougie mientras tomaba el pedido, pero por la manera en que su cuerpo se tensaba de excitación y cómo lo miraba de reojo, estaba claro que no podía engañar a nadie.

-Un bocadillo de pavo con brotes y queso cheddar en pan de baguette y una cola dietética. Marchando, señor Poynter. -Su voz sonó aguda por la emoción.

Intentando no poner los ojos en blanco, Alex pidió una ensalada de huevo con fruta. Luego, a regañadientes, la camarera les dejó en paz. Tras una larga pausa, Dougie tomó un sorbo de agua y después deslizó el dedo por el vaho del vaso.

-Gracias por reunirte conmigo.

-Será la última vez hasta que aceptes el hecho de que no nos vamos a casar. ¿Cómo se te ocurrió anunciar el compromiso sin preguntarme primero?

-Simplemente se me ocurrió. Ya lo habíamos hablado antes. Tú eres una buena influencia para mí, y no me gusta a dónde se dirige mi vida.

-Entonces cámbiala -le propuso Alex-. Pero yo no puedo hacerlo por ti.

Él la miró por encima de las gafas de sol. Aquellos ojos inyectados en sangre la miraron suplicantes mientras tomaba las manos de ella entre las suyas.

-Puedes ayudarme. Contigo soy más fuerte. Consigues que quiera ser mejor persona.

-Tienes que querer ser mejor persona por ti mismo. No puedes ponerme como una excusa para cambiar o no tu vida. Si lo que quieres es liberarte, despide a Tom. Él sólo quiere que lleves una vida tan decadente como la suya. Olvídate de esas fiestas. Hazle caso a Cal. Puede que sea brusco y serio, pero intenta evitar que te autodestruyas. -A la vez que mantenía la reputación de niño malo de Dougie, para vender montones de CD y descargas iTUNES, pero eso era otra historia.

-Eso haré -le prometió-. Ves, eres tan lista que contigo puedo enfrentarme a todo.

-Pero eso puedes hacerlo solo. Sólo tienes que proponértelo.

Dougie se quitó las gafas de sol para revelar una cara cansada y alicaída.

-No te culpo por no querer ayudarme. Me comporté muy mal contigo cuando viniste a la gira. No debería haberme tirado a la rubia de Tom. Y el video... Dios, fui un estúpido. Lo siento de veras. Pero es que me volvía loco de deseo cuando estaba cerca de ti, aunque no quería tocarte. Cada vez que lo pensaba o lo intentaba me sentía como un corruptor de menores o algo por estilo. ¿Cómo iba a corromperte? Eres demasiado inocente.

-No. Ya no.

Dougie se quedó paralizado.

-¿Le diste tu virginidad al idiota del teléfono?

- Dougie, me enamoré de él. Ya estaba enamorada de él antes de ir a la gira contigo. Él hizo todo lo que pudo para alejarme, pero...

-Más bien diría que encontró la manera de meterse entre tus piernas -gruñó-. ¿Dónde está ahora?

Alex suspiró.

-Algunas veces las cosas no salen bien. Igual que con nosotros.

-No digas eso. Ven conmigo. Cuidaremos el uno del otro.

-No. Estarás bien sin mí. Sólo tienes que hacerte a la idea. Hacer lo que es correcto. Te has hecho famoso y rico muy joven. ¿Qué hubieran querido tus padres que hicieras? ¿Quieres tener que contarles a tus hijos esta parte de tu vida? Ciertamente no querrías contarles que durante tus giras la gente esnifaba cocaína y se montaban orgías en tu habitación. Ni que uno de los de la banda y tú manteníais sexo anal con una desconocida. Dedícate a hacer cosas de las que te sientas orgulloso.

-No vas a cambiar de idea, ¿verdad?

Ella negó con la cabeza.

-Siempre estaré disponible por teléfono o correo electrónico. Cuando vengas a la ciudad, podemos quedar como hacen los viejos amigos. Siempre podrás contar conmigo.

Dougie parecía triste, como si se le hubiera muerto su perro. Se puso en pie, rodeó la mesa y la arrancó de su silla para tomarla entre sus brazos.

-Eres una mujer muy especial.

Alex sonrió. Dougie le cubrió la boca suavemente con los labios. Un beso de amigos. De despedida.

De repente, un zumbido eléctrico rompió la quietud, seguido por el sonido de pasos, muchísimos pasos. Otro zumbido eléctrico. Un flash y luego chillidos femeninos.

Alex parpadeó aturdida y se apartó para descubrir que los dos estaban rodeados. Había un montón de fotógrafos haciendo fotos sin parar. Y jóvenes quinceañeras que no dejaban de pegar saltos, algunas sometiendo a duras pruebas a sus sujetadores, mientras miraban fijamente a Dougie con adoración.

-¿Podrías darme un autógrafo? -preguntó una.

-¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó la camarera horrorizada-. ¡Se supone que era un secreto!

-¡Tenía que verlo! -protestó la admiradora que había pedido el autógrafo.

-¿Vas a casarte con ella? -preguntó otra de las admiradoras mirando a Alex con desdén.

Ninguno de los dos respondió.

Los fotógrafos siguieron sacando fotos de Dougie mientras firmaba un autógrafo en el cuaderno de la chica y se lo devolvía con aquella sonrisa falsa que parecía colgar de sus orejas.

-¿Podrían dejarnos solos? -le dijo Dougie a la prensa-. Estamos intentando comer.

-Contesta a la pregunta -gritó un paparazzi-. ¿Vas a casarte con la señorita Alex?

-Lo lamento mucho -balbuceó la camarera consternada.

Dougie la ignoró y miró a los fotógrafos con el ceño fruncido.

-Ya tienen las fotos. No voy a responder a las preguntas. Déjennos en paz.

-Eres un personaje público -se mofó uno de los periodistas, y luego captó con la cámara la mueca de disgusto de Dougie.

Como para puntualizar ese hecho, fueron apareciendo más personas por la calle, que querían saber a qué se debía el creciente gentío. La muchedumbre era cada vez mayor. El sonido se convirtió en una cacofonía de voces y cámaras. Una furgoneta se detuvo a unos metros. Era de una de las cadenas de televisión locales. «Genial. ¿Cómo se habrían enterado con tanta rapidez?

Una de las admiradoras extendió la mano para coger la camisa que Dougie había dejado en el respaldo de la silla. Soltó un grito de excitación mientras se llevaba la prenda a la nariz e inhalaba su olor. Alex apenas podía contener el asombro cuando Dougie intentó acercarse a la chica para quitársela, pero ella se escabulló con facilidad entre el gentío. Otras chicas la siguieron intentando hacerse con la camisa.

«Santo cielo, ¿acaso Dougie tenía que lidiar con eso allá a donde iba?».

Cal apareció al lado de Dougie y le murmuro:

-Cada vez hay más gente. Creo que deberías irte.

-¿Cómo descubrieron que estaba aquí?

Cal se encogió de hombros.

-Lo más probable es que fuera la camarera. No importa. Esto acabará por descontrolarse si no te marchas ahora. Coge el coche y vuelve al hotel. Yo me aseguraré de que Alex llegue bien a casa.

Dougie parecía enfadado, como si lo estuvieran forzando a hacer algo que no quería y se sintiera impotente por no poder impedirlo.

-Está bien. Es lo mejor. -Alex le tocó el brazo para tranquilizarlo.

Sonaron un montón de clics para captar el momento.

-¿Vas a casarte con la señorita Alex? -volvió a insistir el periodista de nuevo-. ¿Qué opinas de aquellos que dicen que un matrimonio arruinará tu carrera?

-Si se casa, no me compro ni un solo CD más -afirmó una admiradora maliciosa.

-Saber que pertenece a otra mujer destruye cualquier fantasía -oyó Alex que le decía otra de las chicas al reportero.

Dougie ignoró a todo el mundo y miró a Alex con pesar.

-¿Estarás bien?

-Ya has oído a Cal. Él me seguirá para asegurarse de que llego sana y salva a casa. Vete antes que todo esto se convierta en un circo. Llámame cuando estés libre y hablamos.

Él suspiró resignado y le susurró al oído:

-De verdad que te amo.

Alex sabía que, a su manera, sí lo hacía. Pero había llegado el momento de que él se valiera por sí mismo, como tendría que hacerlo ella.

-Cuídate.

Dougie la besó en la mejilla, y Alex intentó ignorar los flashes de las cámaras. Vaya, esa podía ser una foto de portada. Y si así era, ¿podría realmente perjudicar la imagen de Dougie, a su carrera? Ésa era otra razón más por la que él estaría mejor sin una esposa en ese momento.

Cuando Dougie se giró y se alejó, Alex se lo quedó mirando. Él sorteó una pequeña valla y se dirigió con rapidez hacia su coche. La multitud lo siguió, las cámaras, las admiradoras.

Una extraña quietud cayó sobre Cal y ella.

-Vaya locura -dijo ella mientras el gentío desaparecía calle abajo.

-Así es el mundo del espectáculo.

-¿Le perjudicaría realmente que nos casásemos?

La simple idea le parecía inconcebible. En su opinión lo único que debería importar allí es si les gustaba o no su música.

-Ya lo has oído. La mayor parte de los admiradores son mujeres que ven a Dougie como un buen polvo. Si ven que lo ha cazado otra mujer, pierden el interés. ¿Estás preparada para ir a casa? -preguntó Cal.

-Claro.

-Te seguiré en mi coche, para asegurarme de que nadie te sigue.

Sin emoción. Sin expresión. Cal era un profesional en todo momento. Ahora mismo Dougie necesitaba a alguien así. Alex sólo esperaba que lo escuchara.

Cuando se dirigían hacia el aparcamiento, un Maserati Spyder de color gris,
pasó zumbando ante ellos, haciendo chirriar las ruedas al girar por la calle principal. Dougie. Se había ido. Lo más seguro es que lo hubiera hecho para siempre, lo que estaba bien. Cada uno de ellos tenía una vida por delante. Y era asunto de Dougie elegir cómo quería vivir la suya.
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Capítulo 3 de 4

Capítulo 45



Un Danny con resaca se sirvió una taza de café cuando Harry irrumpió en la cocina.

-¿Dónde está Alex?

Danny tomó un sorbo de su taza, ingiriendo el amargo brebaje.

-Se ha ido. Se fue en tu coche.

-¡Maldita sea! Dijo que se iba a ir, pero pensé que por lo menos se despediría.

-¿Dime por qué se ha ido? ¿Y por qué pasó la noche en mi cama en vez de en la tuya?

Harry le dirigió una mirada incrédula.

-Eres un auténtico bastardo. ¿Crees que debería haber pasado la noche al lado o dentro de la mujer que amas?

«Oh Dios, no». Se había visto dividido entre la parte racional de él -que sabía que Alex estaría mucho mejor con Harry - y la bestia emocional que llevaba dentro, y que mataría a cualquier otro hombre que le pusiera un dedo encima.

-Eso te lo dejo a ti -le respondió con una sonrisa cínica.

-No te molestes. Alex no se va a casar conmigo.

Danny se sorprendió. Era obvio que Harry se había declarado. Y el dolor por no poder ejercer como padre del bebé se reflejaba en su cara:

Todo aquello era un jodido lío. Pero Danny no era capaz de decirle a Harry que lamentaba que Alex lo hubiera rechazado. Sin embargo, estaba sorprendido. Alex parecía demasiado práctica para no aceptar a un hombre como Harry y criar al bebé ella sola. Dios sabía que él no sería de mucha ayuda.

-Te ama a ti, viejo. Antes prefiere estar sola que con otro hombre -le dijo Harry.

¿De qué estaba hablando? Danny negó con la cabeza.

-Así que ¿qué piensas hacer?

Danny parpadeó y miró a su primo como si hubiera perdido el juicio.

-¿Hacer? Creo que ya he hecho demasiado, y nada bueno ha salido de ello. De seguir así, las cosas pasarán de estar jodidas a estar totalmente jodidas.

Harry dejó a un lado su taza de café y levantó a Danny bruscamente de su silla.

-¿Qué coño haces? -le preguntó Danny.

-Contenerme para no mandarte al infierno a golpes.

-Ven, adelante -le provocó Danny, listo para la lucha. Para cualquier cosa que le distrajera de aquella mierda.

-¿Y darte la satisfacción? No. Voy a meter algo de cordura en tu cabezota. No pienso permitir que dejes a Alex sola con un bebé en camino cuando podrías...

-¿Podría qué? ¿Amarla? No sin ti o algún otro típo delante. Conozco mis limitaciones, y ella se merece más de lo que yo puedo darle. Recuperará la cordura y aceptará tu propuesta.
-Será mejor que reces para que no lo haga, porque si lo hace me la llevaré volando al juez de paz más cercano. -Frunció el ceño-. Así que si no quieres que eso ocurra, intenta arreglar las cosas.

En ese momento, Danny se preguntó si Harry se dedicaría a perseguir a Alex hasta que ella se cansara y cediera. Lo conocía bastante bien y sabía que podía ser muy insistente.

-¿Qué demonios quieres decir?

Harry lo agarró por la camisa.

-Que lo superes. ¿Estoy siendo lo suficientemente claro?

-¿Qué lo supere? -Danny se soltó de un tirón-. ¿Quieres que me olvide de que provoqué la muerte de una chica de dieciséis años? Eres un maldito cabrón. ¿Acaso crees que puedo desterrar la culpa de mi mente como por arte de magia y hacer que todo vuelva a la normalidad? Y de paso ¿por qué no montamos una jodida fiesta para celebrarlo?

-Han pasado doce años...

-Y durante todo ese tiempo, Heather ha estado muerta, por mi culpa.

-¡Maldición! Deja de decir eso. No es cierto -gruñó Harry -. No voy a conseguir a Alex, pero tú sí puedes hacerlo. Ella te ama. Puede curarte. Sólo tienes que aceptar la verdad sobre Heather y las circunstancias que rodearon su muerte.

-Conozco la maldita verdad-dijo Danny apretando los dientes.

-Conoces aquella locura que su familia fomentó. Y que tú aceptaste por completo. Pero piénsalo bien. Piensa en cómo era ella en realidad. Era un desastre. Haberse quedado embarazada sólo era uno de sus problemas.

Danny se encogió de hombros.

-Por supuesto que tenía más problemas. ¿Quién no los tiene? Pero haberse quedado embarazada era el mayor de todos.

-Claro. ¿Y qué pasa con las drogas que tomaba? ¿O con que sus padres se estuvieran divorciando? ¿Acaso no le iba mal el instituto? Dos días antes de tomárselas pastillas, había suspendido el examen de conducir, ¿cierto?

-No era una drogadicta. Sus padres al final no se separaron. Podría haber recuperado en el instituto, y repetido el examen de conducir.

-Y también podría haber interrumpido el embarazo. No es que no se lo hubiera dicho a sus padres. Incluso se ofrecieron a pagar el aborto. No se mató porque no quisiera que sus padres supieran que había mantenido relaciones sexuales contigo. Y tampoco lo hizo porque no tuviera otra elección.

-Tú no conocías a Heather.

-Claro que sí -gritó Harry-. Esa chica deseaba que le prestaran atención. Lamento que se haya muerto. Es una auténtica tragedia. Pero no quiso enfrentarse a la vida. Estaba resuelta a castigar a todos por no amarla como ella quería ser amada. Su hermana se portó fatal con ella. Su padre jamás tuvo tiempo para ella. Su madre tomaba tantos antidepresivos que ni siquiera sabía pronunciar su nombre. Si buscas en el diccionario el significado de familia disfuncional, verás la imagen de todos ellos debajo.

-Sí -suspiró Danny-. Pero fue quedarse embarazada lo que la llevó al límite.

-O no. Eso es sólo una suposición tuya. Ella descubrió que estaba embarazada mucho antes de enterarse de que sus padres pensaban divorciarse, mucho antes de conocer el resultado de las notas en el instituto o de que había suspendido el examen de conducir. Cualquiera de esas cosas, o ninguna, puede ser la razón por la que se suicidara. Era una chica volátil e insegura. No puedes seguir siendo un mártir. Tú no la obligaste a tomarse el bote de pastillas.

Eso era cierto. Si él hubiera estado allí, la habría detenido. Como fuera. Pero según habían dicho todos, ella había estado muy perturbada por el embarazo y había decidido acabar con todo.

-Tus únicos errores fueron usar un condón roto y la manera en que te comportaste después de que Heather te diera la noticia. Aunque si lo comparamos a tu comportamiento con Alex, tampoco fue tan grave. Ni mucho menos.

Danny se quedó paralizado.

-¿Qué estás diciendo?

-Has reaccionado con miedo y furia. La has rechazado. Ésa no es la manera en que una mujer quiere que se comporte un hombre cuando le dice que va a tener un hijo suyo. Si estás preocupado por Alex, dejársela a otro hombre o permitir que se enfrente sola a todo esto no es la mejor manera de asegurarte su salud emocional.

Visto de esa manera... «¡Maldita sea!». Las palabras de Harry estaban cargadas de verdad.

-La pregunta aquí -continuó Harry - es si vas a alejar de ti a la mujer que amas y a tu hijo por una muerte, de la que no fuiste responsable, acaecida hace más de una década.

Dios, Harry lo hacía parecer todo muy sencillo, como si él sólo hubiera sido una diminuta parte de la enrevesada vida de Heather y no la principal. Danny se sentó ante la mesa de nuevo, cogió el café y clavó la mirada en el oscuro líquido que se agitaba en la taza. ¿Sería tan sencillo?

Habían pasado muchos años. ¿Quién podía saberlo? Él no desde luego, él había intentado no pensar demasiado en ello.

Danny jamás había visto la carta de despedida, simplemente había creído lo que había oído. La madre de Heather era la clase de mujer que habría echado la culpa a otra persona con tal de no tener que sentir remordimientos al mirarse al espejo. La gemela de Heather, Haley, había sido igual que su madre. Puede que lo que Harry decía fuera cierto.

Desde luego las últimas doce horas habían probado lo diferente que era Alex de Heather. Tras descubrir que estaba embarazada y ver lo mal que él había recibido la noticia, Heather se había ido de juerga toda la noche, se había emborrachado y acostado con su mejor amigo... algo de lo que se aseguró que él supiera sólo para castigarlo. Alex había rechazado la propuesta de matrimonio de Harry, había llorado hasta quedarse dormida en su cama, y luego, en silencio, había hecho la maleta y se había ido. Alex se había comportado de una manera mucho más racional y práctica. Sencillamente, había continuado con su vida y no se había recreado en su desgracia.

Pero saberlo no solucionaba el problema. Incluso aunque pudiera deshacerse de la sensación de culpa, no volvería a ser normal de la noche a la mañana. ¿Y si no pudiera hacer el amor con Alex, solos los dos, como un hombre normal?

No obstante, le debía una aclaración. Asegurarle que sería un padre y un amigo, y que la ayudaría económicamente si así lo necesitaba. Con el tiempo, Alex conocería a un buen hombre. Danny hizo una mueca ante ese pensamiento, pero lo ignoró. Ya lo afrontaría en su momento. Hasta entonces, lo más probable era que Danny siguiera pensando que ella era suya. Deseaba ser el hombre que la mereciera.

-¿Por qué intentas arreglar las cosas entre Alex y yo? -le preguntó Danny a su hermano- Para seguir manipulándonos? ¿Para poder mantenerte cerca de ese bebé? .

Harry cerró los ojos.

-Me lo merezco. He intentado influenciaros a ambos para obtener lo que quiero. Pensé que lo que hacía era lo mejor para todos, y no sólo para mí. Pero ahora sólo intento hacerte ver lo que es mejor para ti. Como dijiste hace unos días, somos mas que hermanos. Deberías ser feliz. Te lo mereces después de toda esta jodida mierda.


Danny tragó saliva. Era probablemente la cosa más agradable que Harry le había dicho en ese momento. Quería creerlo. Y casi lo hizo...

-Gracias.
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Capítulo 2 de 4

Capítulo 44

Antes de que comiencen a leer el maratón, mil disculpas por no haber subido capítulos en más de un mes u_u La verdad es que entre la escuela, las horas que puedo pasar con mi novio, si chic@s, tengo novio desde hace casi 3 meses y estoy enamorada :3, ah si, y las tareas de la escuela, no he ni pensado en el fic. Este maratón es de 4 capítulos, y faltarian 4 más para que acabe la novela. ¡Disfrútenlo! :) 


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Alex partió a las ocho de la mañana en el coche de Harry con la misma maleta diminuta con la que había llegado. Con la única diferencia de que ahora tenía el corazón roto.

Se había despertado alrededor de las cinco de la madrugada, sola. Había encontrado a Danny dormido en el sofá de la guarida, Alex no pudo evitar leer entre líneas. Después de todo, ella se había pasado la noche en su cama, que era lo suficientemente grande para que los dos se acurrucaran juntos. Y, sin embargo, él había elegido el sofá de piel del otro extremo de la casa.

Alex no necesitaba que se lo deletrearan; había captado el mensaje. Sorbió por la nariz mientras tomaba el desvío a la autopista y encendió la radio, resuelta a pensar en el futuro...sin tener que deshacerse en lágrimas de nuevo. Iba a tener un bebé. Iba a ser una buena madre, una buena enfermera y a vivir cerca de su familia. Sin duda, su padre y sus hermanos podrían el grito en el cielo cuando anunciara que iba a tener un hijo pero que no pensaba casarse. Eran muy anticuados. Pero lo superarían. Si insistían en que les revelara el nombre de quien le había dejado embarazada y no se había portado «bien con ella» para darle lo que se merecía, les diría que Harry le había propuesto matrimonio y que ella lo había rechazado. Tendrían que conformarse con eso. El que Danny fuera el padre del bebé no le incumbía a nadie.

Cuando estaba cerca de casa, llamó a Logan. No es que quisiera hablar con él, pero tenía que saber cómo estaba su padre y cuándo le darían el alta. Era mejor preguntarle a él que a Hunter que todavía se comportaba con la misma calidez de un glaciar.

Él respondió al primer timbrazo y le ladró:

-¿Alex?

Dios, le había aparecido su nombre en pantalla.

-Buenos días.

-¿Dónde estás?

-Estoy llegando a mi apartamento.

-¿De veras? ¿Por fin has recuperado la cordura y has abandonado a ese par?

No, había perdido la cordura del todo y arruinado la vida de dos hombres maravillosos, que jamás recuperaría.

-Se acabó. Yo le he puesto fin. Dejémoslo así.

Ya le hablaría más tarde sobre el bebé. Cuando se sintiera más fuerte. Cuando su padre estuviera mejor. No por teléfono. Ni desde luego, antes de encontrarse en condiciones de enfrentarse a ellos.

-Me alegra oírlo.

Su tono insinuaba que ella finalmente había hecho lo correcto, pero Alex no lo veía así. No. Se sentía fatal, y la actitud de Logan acabó con el poco control que le quedaba.

-¿Por qué? ¿Qué tenías contra ellos?

-Me tomas el pelo, ¿no? Tú, entre todas las personas, deberías de saber con exactitud por qué no querría que esos pervertidos bastardos estuvieran cerca de mi hermana. Me dan ganas de vomitar cada vez que pienso en las cosas que han podido hacerte... a la vez, sin duda. Las mismas que habrán hecho a docenas de...

-¿Pervertidas? -Oh, Logan siempre conocía la manera perfecta de inflamar su temperamento. Sabía que no debería de entrar a trapo, pero...-: Mira quién fue a hablar. Tú, que tienes que darle latigazos a una mujer y provocarle dolor para sentirte lo suficientemente hombre como para tener sexo con ella.

-Maldita sea -gruñó él-. Eso ha sido un golpe bajo. ¡Maldición! Y no tiene nada que ver con la reali... -aspiró profundamente-. Nos estamos desviando del tema. Lo importante es que los has dejado y no piensas volver con ellos.

Alex estaba más que dispuesta a seguir discutiendo, pero resolvió que aquel golpe a la vida sexual de su hermano había sido tan bajo como el de él. Y en ambos casos, innecesario. Su temperamento se aplacó. Tras el arrebato de cólera, se sentía cansada y desolada.

-Exacto.

Alex aparcó el coche y recogió el correo del buzón.

-Lo siento -masculló finalmente Logan-. Sé que ya eres adulta. Y todo cometemos errores. Intentaré dejar de ser un plasta.

-Gracias. Yo también lo siento. ¿Cómo está papá? ¿Cuándo le dan el alta? -Lo preguntó mientras entraba en el apartamento. Olía a cerrado. A pesar de que esa mañana hacía bochorno, abrió algunas ventanas para ventilar las habitaciones.

-Al parecer, mañana. Hoy conoceremos el resto de los resultados y sabremos con exactitud cuál es su estado. -Logan se interrumpió-. Papá querrá verte.

-Ahora que el psicópata que puso la bomba está entre rejas, podré ir a verle sin problemas.

-No sé hasta cuándo podrán retener a ese loco. Su nombre es Ronald Fusco Jr.. Papá ayudó a encarcelarlo hace más de diez años. Ronny no hace más que decir que él no puso la bomba. No hay pruebas que lo relacionen con ella. Hay indicios de que amenazó a papá, pero nada más.

La alarma atravesó a Alex.

-¿Y la policía qué piensa? ¿Aún cree que él puso la bomba?

-Depende de con quien hables. Además, no importa lo que piensen, sólo lo que puedan probar. Ahora mismo, no tienen suficientes pruebas para acusarlo, así que mucho menos para llevarlo a juicio. Acabarán dejándolo en libertad.

-Maldición...¿y tú que opinas? ¿Fue él?

-Puede que sí, puede que no. Pero mi instinto me dice que no fue cosa suya.

-¿Así que aún puede haber un psicópata suelto por ahí detrás de papá?

-O de ti. Mientras estabas en el pantano recibimos un par de llamadas en la habitación de papá de un tipo que preguntaba dónde podía localizarte. Siempre utilizó números ocultos imposibles de rastrear y no hablaba demasiado tiempo. Nunca supe si se trataba de un periodista o de un criminal.

Alex frunció el ceño. Lo más probable era que Logan estuviera reaccionando de manera exagerada. Tenía que ser alguien de la prensa intentando obtener una primicia sobre su relación con Dougie, que ahora mismo parecía como cosa de otra vida. Había asumido que las llamadas perdidas y los mensajes anónimos a su móvil eran también de gente de la prensa.

-No tengo enemigos.

-Que tú sepas.

Cierto. Alex suspiró. Pero era algo improbable. Tenía que ser la maldita prensa que no sabía cuándo poner fin a una historia.

-¿Puedes acompañarme al hospital por si acaso?

-Sí. Dime a qué hora. Podría a las... -Logan vaciló-. ¿Te encuentras bien? Suenas como si estuvieras hecha una mierda.

Así era como se sentía.

-Estoy algo cansada. Los dos últimos días han sido muy difíciles. Necesito un poco de espacio y descansar. Me pondré bien. -O eso esperaba.

-De acuerdo. -Parecía como si Logan no la creyese en lo más mínimo, pero a Alex no le importó.

-Llámame más tarde.

-Lo haré.

Después de cortar la llamada, Alex hojeó el correo. Mucha publicidad, unas cuantas facturas sin pagar. Ese mismo día, llamaría al gerente del restaurante donde había trabajado de camarera durante el curso y le convencería de que le devolviera el empleo para poder pagar dichas facturas. Ahora mismo, no podía encarar el futuro.

Otro sobre llamó su atención. Era de la Universidad Estatal de Tejas. Los resultados de sus exámenes. Dios, ¿habría aprobado? Temblando, abrió el sobre y leyó la carta. Se sintió inundada de alivio. Había aprobado con nota alta. Exhaló un suspiro de alivio. Todos sus esfuerzos habían merecido la pena, y había una cosa menos de la que preocuparse. Ahora, su bebé y ella tenían el porvenir asegurado. Sin duda

Harry y su familia también querrían ayudarla. Pero ella preferiría no tener que depender de ellos, sobre todo después de la reacción de Danny, que suponía que haría como si ella no existiera. Sólo de pensarlo, sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas, pero se negó a derramarlas. Ya había llorado bastante. Hoy se dedicaría a arreglar el apartamento y a ver a su familia...y a dejar el pasado atrás.

Alex salió del apartamento a la húmeda mañana de julio. Mientras sacaba la maleta del coche de Harry e intentaba decidir cuál sería la mejor manera de devolver el vehículo, sonó el teléfono.

Miró el identificador de llamadas y soltó un gemido. Pero se suponía que ese día iba a dejar el pasado atrás, por lo que tendría que encargarse también de eso.

-Hola, Dougie -le saludó mientras hacía rodar su maleta por el asfalto caliente.

-¿Sólo hola? ¡Me has tenido muy preocupado! ¿Quién es el idiota que me amenazó y que te llamó «su mujer»? ¿Y qué quiso decir con eso?

No recordaba que ella había estado llorando histéricamente la noche anterior y estaba muy molesto por lo ocurrido. ¿Cómo había podido creerse enamorada de él alguna vez? Obviamente sólo habían sido estúpidas fantasías de jovencita sin experiencia con el otro sexo, embelleciendo sus recuerdos sobre él con pinceladas de color rosa.

Danny había tenido razón sobre eso.

-Sólo era alguien que no te molestará de nuevo.

-Sonó como un maldito bastardo. Yo sólo intentaba hablar contigo, y parecía como si fuera a meterse por el teléfono para estrangularme.

Eso, probablemente, era cierto, pero no había necesidad de meterle miedo a Dougie…

-¿Querías algo?

-He estado en Mánchester y Liverpool. Me invitaron a algunos programas de entrevistas...

-En las que seguiste afirmando que nos íbamos a casar. ¿En qué demonios estabas pensando?

-No te enfades, nena. Voy a estar en la ciudad unos días. ¿Podríamos quedar para almorzar? Es urgente. Tengo que hablar contigo. Por favor. Eres la única voz cuerda en mi alocada vida.

-Dougie, eres el único que tiene control sobre tu vida, yo no puedo hacer nada.

-Mira, no estoy tan seguro como tú de que eso sea cierto. Sólo quiero...,

Alex quiso negarse, y sabía que debería hacerlo, pero teniendo en cuenta la llamada de la noche anterior y la de ahora, no pensaba que fuera a conseguir nada hablando por teléfono.

Soltó un suspiro.

-A la una.

-Genial. ¡Gracias!

Quedaron en un pequeño restaurante con una enorme terraza. Haría calor, pero estarían a solas. Y podría, finalmente, cerrar ese capítulo de su vida.

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Capítulo 1 de 4

miércoles, 1 de agosto de 2012

Capítulo 43



En el tenso y silencioso viaje de regreso a Londres ella se consoló pensando que pronto vería a su padre...y que entonces resolvería hacia dónde encauzar su vida.

Apenas habían puesto un pie en la casa de Harry y Danny, cuando este último anunció que tenía que resolver un asunto. Dios, ya comenzaba a distanciarse de ella. Puede que la amara, pero eso no era suficiente para vencer aquello que lo afectaba tanto. ¿Tendría algo que ver aquella repentina marcha con darle vía libre a Alex para que se largara?

En el momento en que Danny desapareció por la puerta, Harry se acercó a ella, mirándola como si tuviera algo en mente.

-¿Necesitas algo, cariño? ¿Un café? ¿Algo de comer? Ya sabes que te prepararé cualquier cosa.

En aquel momento, ella sólo quería estar sola, en especial si él tenía intención de dejarse llevar por lo que le rondaba la cabeza y que se reflejaba en su oscura mirada color chocolate, que parecía derretirse por ella.

-Tengo que comprar algunas cosas, ¿puedes prestarme el coche?

Él asintió con el ceño fruncido.

-¿Podrías estar de vuelta a las seis? Tengo que hacer una presentación en un restaurante del centro.

Alex asintió y suspiró de alivio cuando salió de la casa -demasiado llena de recuerdos para su tranquilidad-para dirigirse al coche.

No tenía que comprar demasiadas cosas. Escoger una tarjeta de «te echo de menos» para su padre fue sencillo. Comprar un nuevo móvil tampoco le llevó demasiado tiempo. Luego llamó a Logan y a Hunter para darles el número, y le dijeron que su padre sería dado de alta al cabo de dos días. Incluso pudo hablar con el coronel unos breves minutos.

Eufórica al ver que su padre se estaba recuperando con rapidez, Alex compró el resto de los artículos que necesitaba, intentando no pensar en aquello que la preocupaba.

Estaba de vuelta en casa de Harry poco después de las cinco. Lo encontró muy sexy y atractivo con el pelo húmedo, los pantalones de pinzas y una camisa de lino blanca cuando se inclinó para darle un beso en la mejilla.

-No tardaré mucho. ¿Me esperarás? Debemos hablar...

Alex no amaba a aquel hombre de la misma manera que amaba a Danny, pero la sensación de la mano de Harry ahuecándole la mejilla la tranquilizaba.

-¿Vas a decirme que vas a terminar conmigo?

-Lo que suceda será por decisión tuya. -La besó de nuevo, esta vez fue una tierna presión de sus labios sobre los de ella, una caricia suave de su lengua... luego se fue.

Con un fuerte sollozo, Alex se sentó en el sofá y comenzó a llorar de nuevo. Una lágrima tras otra se deslizaron por su rostro, cálidas y molestas, provocándole un gran dolor de cabeza. ¿Desde cuándo se había vuelto tan sensible? Aquel llanto continuo la dejaba exhausta. Y también el sexo. Varios enormes orgasmos por día habían convertido dormir en su nuevo pasatiempo.

Al menos esperaba que no hubiera otra razón oculta tras ese agotamiento... Maldición, tenía que dejar de sentir compasión por sí misma. Tenía que obtener algunas respuestas, hablar con ellos y averiguar qué camino iba a tomar. Las cosas no podían seguir así. No podía vivir de esa manera.

Se levantó del sofá, se hizo una sopa y se puso a ver la tele, intentando no pensar en nada. Los programas de risa no surtieron efecto y volvió a quedarse dormida. La despertó un coche aparcando frente a la puerta. Danny estaba de vuelta. Ya había anochecido. Alex no se sentía preparada para hablar con él, ni para soltar ultimátums ni para tomar decisiones drásticas. Agarró las bolsas con sus compras, el móvil recién comprado y se dirigió al cuarto de baño.

Qué jodida pesadilla, pensó Danny, mientras entraba en la casa. Había pasado la tarde hablando con Jack sobre negocios y problemas personales. Los negocios iban bien. De hecho, iban geniales. Jack había hecho un gran trabajo ocupándose de todo mientras él había estado protegiendo a Alex del psicópata de la bomba. Eran las cuestiones personales las que no parecían tener solución.

Ahora tenía que esperar a que Harry regresara a casa para poder discutirlas a fondo. Y esperaba no terminar peleándose a puñetazos con él.

Llamó a Harry para decirle que ya estaba en casa. Su hermano estaría de vuelta a las nueve. Aún faltaba un rato para poner fin a toda aquella mierda. «Estupendo». Lo estaba deseando... tanto como deseaba que lo castraran con la tapa mellada de una lata.

Intentando controlar los nervios, Danny fue en busca de Alex. Antes de que llegara Harry, tenía que decirle algunas cosas. Era una chica lista, así que no dudaba que ya habría comprendido que él necesitaba a una tercera persona para poder hacer el amor con ella. Alex tenía que saber además, antes de que tomara una decisión sobre su futuro, que eso era algo que no cambiaría. Y que además había otra cosa que él nunca podría darle. Y el por qué.

Había llegado el momento de sacar a la luz las heridas del pasado. Oh, Dios. Estaba en el pasillo cuando la oyó hablar y siguió el sonido de su voz. ¿Con quién estaba hablando? ¿Con alguno de sus hermanos? ¿Con su padre? ¿Con una amiga?

-Yo también me alegro de hablar contigo. -Una pausa-. Sí, tenemos que aclarar algunas cosas.

Frunciendo el ceño, Danny se apoyó contra la pared exterior del cuarto de baño y escuchó el suspiro de Alex al otro lado de la habitación. Danny sabía que no debería escuchar a escondidas, pero siguió haciéndolo.

-Lo sé. He tenido que ocultarme, es por eso que no estaba disponible. Por el hombre que puso la bomba en casa de mi padre. -Alex se interrumpió para volver a comenzar de nuevo-. Se encuentra bien. Yo también estoy bien. Sólo estoy un poco cansada. Quizá podríamos hablar mañana.

Danny se pasó una mano por la cara. Una ligera sospecha hizo que se le encogiera el estómago.

-No, no estoy tratando de darte largas. Es que he tenido un día infernal. -Otra pausa. Luego un fuerte sollozo-. Por favor, déjame en paz. No me amas, Dougie. Tú quieres alcanzar la redención o la salvación o algo por el estilo, y yo no puedo conseguirlo por ti. Ni siquiera puedo resolver mis propios problemas.

Así que sus sospechas eran ciertas. «Dougie». ¿Aquella jodida estrella del Rock/pop seguía dándole la lata? ¿Y qué coño quería? Le rechinaron los dientes. Aquel idiota estaba haciéndola llorar.

Danny se dispuso a entrar en el dormitorio, arrebatar el teléfono de la mano de Alex y decirle al señor estrella del Rock/pop que le dieran por el culo. Antes de que pudiera hacer nada de eso, Alex comenzó a gritar.

-¡Maldita sea, ahora no! ¡Para de una vez!

Danny nunca la había oído perder el control de esa manera. Alex jamás se ponía tan histérica como se había puesto ese día. Ya había oído suficiente. Irrumpió en el cuarto de baño hecho una furia. De nuevo volvía a ver rojo cuando le quitó el teléfono y dijo entre gruñidos:

-Si vuelves a llamar y a molestar a mi mujer, te romperé todos los huesos del cuerpo, cabrón.

Resistiendo el impulso de arrojar el teléfono contra la pared, apretó el botón rojo con el pulgar para finalizar la llamada. Luego bajó el brazo y lanzó el teléfono sobre el aparador. Acto seguido, agarró a Alex y la estrechó entre sus brazos.

Ella estaba temblando. Y no se trataba de un simple temblor. Todo su cuerpo se estremecía violentamente; hasta su respiración era temblorosa.

-Gatita. Cariño...

Le acarició el pelo con toda la suavidad que pudo. Aunque todo lo que quería era ir a buscar a Dougie Poynter y aplastarle la cara de un golpe. Danny era mucho mejor peleando que tranquilizando. Pero Alex necesitaba ternura en ese momento.

A lo lejos, oyó que Harry aparcaba frente a la casa. Por primera vez de ese día, le dio gracias a Dios por la presencia de su hermano. Harry sabría cómo tratar con las emociones de Alex. Su hermano la tranquilizaría.

-Déjame llamar a Harry.

-No. -Ella se aferró a él con fuerza-. Danny, tengo miedo.

Danny se sintió a la vez aliviado y preocupado de que ella siguiera queriéndolo. Si lo quería a él en vez de a Harry si todavía seguía interesada en él, a pesar de la dura realidad a la que todavía no se había enfrentado...

-No tengas miedo de Dougie. Si es necesario lo haré entrar en razón personalmente...

-No es por eso.

Alex comenzó a sollozar de una manera tan incontrolable que él sintió miedo. Si no paraba de hacerlo, ella se desmayaría, vomitaría o algo por el estilo. Danny se sentó en el borde de la bañera y la colocó en su regazo, pensando a toda velocidad.

-Entonces, ¿qué ocurre? Si es por lo de esta mañana, lo siento, gatita. De verdad que lo siento. Respira profundamente y...

Ella levantó sus ojos color avellana llenos de lágrimas y lo miró. Aquella mirada lo dejó paralizado.

-Estoy embarazada.

Aquellas palabras fueron como un mazazo en sus entrañas. Él la soltó bruscamente a un lado y se puso en pie de un salto, mirándola fijamente. La sangre abandonó su cabeza a una velocidad alarmante. ¿Acababa de oír que...? «Por el amor de Dios. ¡No...!».

-¿Embarazada?

Lentamente, Alex se puso en pie y metió la mano en el bolsillo de los pantalones cortos para sacar una varilla de plástico blanco. Tenía dos líneas azules en la ventanita central.

Danny retrocedió mientras tragaba saliva. Aquello no podía estar ocurriendo. No era posible. Estaba a punto de vomitar.

-¿Cómo coño ha pasado? ¿No estabas tomando la pildora...?

-En el hospital me dieron antibiótico para que no se infectaran los puntos. Se me olvidó que reducen el efecto de la pildora...Oh, Dios. Tienes mala cara.

Danny se sentía mareado. Más que mareado. Aquello era la peor pesadilla de su vida. Volvía a revivir el pasado.

-No puede ser. -Negó con la cabeza-. Jamás debería de haber tomado tu virginidad. Sabía que no debería haberlo hecho.

Danny se dio la vuelta y salió disparado del cuarto de baño. Oyó el llanto de Alex a sus espaldas, cada vez más lejos. Antes de que pudiera salir por la puerta, vio que Harry ya había llegado.

Una mirada a su primo y supo que lo había escuchado todo. Harry lo agarró por los hombros.

-Inspira profundamente.

-La has oído. ¡Está embarazada!

De todas las personas del mundo, Harry era quien mejor debía entenderlo. ¿Por qué parecía tan calmado?

Danny volvió a sentir el deseo de vomitar. «Embarazada». ¿Por qué coño no había utilizado un condón? Porque sabía que una vez que experimentara lo bueno, no soportaría volver a usarlos. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Vigilarla día y noche? ¿Cómo podía estar seguro de que todo iba a ir bien cuando no estaba seguro ni de sí mismo?

-Lo sé. - Harry le habló en un tono tranquilizador-. Danny, sé que estás molesto. Pero es una bendición...

-Bueno, no fue una maldita bendición para Heather.

-¿Quién es Heather? -preguntó Alex desde el umbral, rodeándose el estómago con los brazos.

Danny se giró con rapidez hacia ella. Sus ojos estaban tan rojos como su cara, pálida y fantasmal. Aquella expresión atormentada le retorció las entrañas. Santo Dios, parecía como si... la hubiera golpeado.

Harry suspiró.

-Heather es...

-Es la razón por la que no valgo ni para tí... ni para ninguna otra mujer -lo interrumpió Danny-. Es la razón por la que no puedo follar con ninguna si no hay otro hombre conmigo. Y yo soy la razón de que ella esté muerta.

A ciegas, Danny avanzó a tientas y tropezó con el sofá. Se hundió en él y se sujetó la cabeza con las manos.

-Y ahora la historia vuelve a repetirse, y volverá a ser culpa mía.

-¿De qué estás hablando? -murmuró ella.

Danny levantó la cabeza de repente y clavó una mirada afilada en ella.

-De todas maneras iba a contártelo todo esta noche. Pero no de esta manera.

Alex retrocedió para sentarse en una silla con una expresión vacilante. Ahora dudaba de él. Era una pena que no se hubiera dado cuenta del peligro antes.

Danny respiró hondo, luchando contra el dolor que le provocaba sumergirse en el pasado.

-Heather era mi novia del instituto. Comenzamos a salir cuando ella tenía quince años. Yo tenía dieciséis. Salimos un año antes de comenzar... '-«Maldición, era duro hablar de ello. Muy duro»- a mantener relaciones sexuales. Ella acababa de cumplir los dieciséis. Era virgen.

-Supongo que quedó embarazada -adivinó Alex.

-Sí. Estábamos muy asustados. Aún no había cumplido los dieciocho. Su padre era el sheriff del pueblo. Jamás le caí bien.

-Imagino que murió. ¿Fue en el parto? -El horrorizado susurro de Alex apenas se oyó en la habitación.

-No. -Él cerró los puños, luego los abrió. Se obligó a mirarla-. Se suicidó.

Con un jadeo horrorizado, Alex se cubrió la boca. Pero él todavía podía ver la sorpresa en aquellos ojos color avellana. ¿Estaba Alex condenándole por ello? Probablemente. Se lo merecía por haberla dejado embarazada y luego no saber qué decir. Por no ser un hombre completo.

-Se tomó un bote entero de somníferos. En la carta de despedida, le decía a su familia que me odiaba y que había sido una estúpida por dejar que la tocara. Les decía que sería un padre horrible -dijo con voz ahogada.

-Danny, no. Sólo eras un niño.

-Pero ella tenía razón. Yo y mi estúpida polla hicimos que se tomara ese bote de pastillas.

-Ella fue la que tomó esa decisión -insistió Alex.

-Sí, pero después de que yo la dejara embarazada. Me juré a mí mismo que jamás permitiría que volviera a ocurrir algo así. Y ahora mira. -Levantó las manos al cielo.

Demonios, su vida se iba al garete más rápido de lo que había creído posible y no sabía qué hacer.

-¿Nunca? ¿Pretendías no tener hijos nunca? -Alex parecía consternada-. Danny, no es posible que creas que todas las mujeres sean capaces de reaccionar igual que Heather. Yo, por ejemplo... ¿acaso has pensado que podría hacer lo mismo que ella ahora que estoy embarazada?

«Sí». El pensamiento se le había pasado por la cabeza. Más que pasado, se había hecho un hueco en su mente y le había retorcido el alma.

-Alex, sólo hace unos minutos que sabes que estás embarazada. Pero ¿cómo te sentirás dentro de unas semanas cuando tengas náuseas sin parar? ¿O dentro de unos meses, cuando tu cuerpo haya cambiado y no te parezca tuyo?

Ella parecía... traicionada. No había otra palabra para describirlo. Y Danny se sentía completamente confundido.

-Un embarazo no es el fin del mundo. Lo llevaré bien. Si piensas por un momento que haría algo que pudiera ponerme en peligro a mí o al bebé para intentar llamar la atención, es que no me conoces. En absoluto. -Las lágrimas anegaron sus ojos y le resbalaron por las mejillas.

-Eso dices ahora...

-Y lo diré siempre -juró Alex.

Dios, cómo quería creerla. Pero después del ataque de histeria en el cuarto de baño, del drama acaecido esa noche... ¿qué ocurriría si no era así? ¿Y si al final Alex decidía que no quería al bebé, a él, o a su propia vida?

La culpa por la muerte de Heather lo había dejado destrozado. Había vivido como un zombi durante, al menos, dos años. A duras penas pudo acabar el instituto. Si no hubiera sido por Harry, el ejército y los ménages, se hubiera sentido tentado a seguir el destino de Heather.

-Eso al menos deja las cosas claras. Comenzaste a participar en los ménages después de la muerte de Heather, ¿verdad? Así, si la chica se quedaba embarazada, podías echarle la culpa a otro hombre.

Qué rápido lo había entendido. Exacto. Había dado en el clavo... ¡Un momento!

Clavó la mirada en Harry.

-Quizá tú seas el padre del bebé. Quizá...

-Ojalá fuera así. - Harry se arrodilló delante de Alex, le levantó la camiseta y le dio un beso en el vientre aún plano.

Danny se mantuvo a la espera. Pero al observar la reverencia con la que Harry acariciaba suavemente el vientre de Alex, se mareó ante la posibilidad de que su primo creara una vida dentro de su mujer. Sintió nauseas y deseos de romper algo a la vez.

Luego Harry se puso en pie y lo miró, pero no era tristeza lo que asomaba a sus ojos oscuro, sino algo parecido a la fatalidad.

-Pero no puedo ser el responsable, Danny. Ese bebé no puede ser mío.

-Tú también te acostaste con ella. Lo hicimos los dos.

-Cierto. - Harry cruzó la habitación, se sentó a su lado y le dio una palmadita en la espalda-. Pero yo no puedo tener hijos. Soy estéril.

Alex soltó un jadeo ahogado, pero Danny apenas la oyó.

Clavó los ojos en su primo, incapaz de procesar las palabras. Era la segunda bomba de la noche. La primera habían sido las noticias de Alex: Hiroshima; la segunda, la confesión de Harry: Nagasaki. Una auténtica devastación nuclear.

-¿No puedes?

-No. -Harry clavó la mirada en la ventana-. Cuando tenía catorce años o algo así, me infecte con algún tipo de virus. Tuve muchísima fiebre durante días. -Se encogió de hombros-. Al parecer se encargó de matar a todos mis espermatozoides.

¿Estaba hablando en serio? Danny no podía comprenderlo.

-¿¡Qué!?

-¿Estás seguro, Harry? -preguntó Alex.

-Hace unos años hice que me repitieran las pruebas una y otra vez. Visité a varios especialistas. Me dijeron que mi recuento de espermatozoides era tan bajo que era prácticamente imposible que pudiera dejar embarazada a una mujer.

-¿Por qué nunca me lo dijiste?

Harry volvió a encogerse de hombros.

-Les pedí a mis padres que no se lo contaran a nadie de la familia.

-¿Ni siquiera a mi? ¿Por qué?

-Ya sabes cómo somos las personas, siempre queremos lo único que no podemos tener. -Su sonrisa era tensa y contrita-. Quería tener un bebé que al menos compartiera un poco de mi sangre. Un bebé que quizás se pareciera a mí. Quería conocer a su madre. Ser parte de la familia. Sentirme conectado a ella durante la concepción, embarazo, parto y crecimiento del niño. Te habría pedido que fueras el donante, de veras, pero sabía que tú no querías aceptar la responsabilidad de un hijo.

Con repentina claridad, Danny comprendió que ésa había sido la intención de Harry desde el principio.

-¿Llevas doce años esperando que dejemos embarazada a una mujer? -Danny se había quedado boquiabierto-. ¿Por eso siempre hablabas de esposas y de casitas con una cerca? ¿Por eso me presionaste para que tomara la virginidad de Alex?

Harry era su primo, su mejor amigo, su familiar más cercano. ¿Y todo ese tiempo él sólo lo había visto como un donante de esperma?

-La habrías tomado de todas maneras. Reconócelo.

Rechinando los dientes, Danny admitió para sus adentros que Harry tenía razón. Pero en ese momento, no pensaba darle a su manipulador hermano esa satisfacción.

Harry suspiró.

-Danny, hay muchas razones por las que he estado contigo durante todos estos años. Pero tengo que admitir que esperaba que, finalmente, encontráramos a una mujer con la que pudiéramos tener hijos. Jamás te lo oculté.

-¡Sabías que lo último que quería era dejar embarazada a otra mujer!

-Pero también sabía que algún día volverías a sentirte un hombre completo y que querrías tener hijos. Algo que tú también creías en lo más profundo de tu ser. Si no, te habrías hecho una vasectomía hace ya tiempo. Te conozco.

Danny no había querido pensar demasiado en ello. Había considerado la posibilidad de practicarse una vasectomía. Incluso había llegado a concertar una cita. Pero luego... algo lo detenido. Jamás había sabido qué. Le había parecido demasiado drástico; los condones y los ménages, eran suficiente.

-Pero como no lo hiciste, me aseguré de que encontraras a la mujer perfecta...

-¿Para que la follara, la preñara y formara una familia para ti?

-No. Jamás tuve la intención de dejarte fuera. Pensaba que...

-Puedo imaginar lo que pensaste-gruñó Danny-. Felicidades, ya has conseguido tu jodido deseo. Ahora ya tienes a una mujer encinta bajo tu techo que te dará un bebé. Y tú - clavó una acerada mirada en Alex-, tienes un hombre completo que desea casarse contigo y formar una familia. Puedes considerarlo el uno al otro como mi regalo de bodas perfecto.
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Feliz cumple Azuuuuu!!!!! :D

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Con amor: 

Mrs. L. Poynter & Mrs. Y. Jones